“El dragón que nunca duerme” de Robert Aitken Roshi (Extracto)
Al levantarme por la mañana,
hago votos con todos los seres
de estar dispuesto para captar las chispas del dharma
que vienen de las flores, los niños o los pájaros.
Al tocar una campana en el templo,
hago votos con todos los seres
de sonar a verdad en todo momento:
suave, constante y claro.
Cuando me inclino al final de zazen,
hago votos con todos los seres
de practicar esta delicadeza íntima
con la familia, con los amigos y conmigo mismo.
Cuando otros muestran ira y malicia,
hago votos con todos los seres
de escuchar la verdad que hay en el mensaje,
sin hacer caso de la forma en que se dice.
Cuando se acerque mi muerte inminente,
hago votos con todos los seres
De estar en armonía con el proceso natural,
En paz con lo que venga.
Cuando mis esfuerzos sean claramente superados,
hago votos con todos los seres
de afrontar mis limitaciones
y dar a luz mi yo original.
Cuando algo se rompe mientras trabajo,
hago votos con todos los seres
de usar la energía que brota de la pena
y recoger los pedazos con cuidado.
Cuando los pensamientos forman una procesión interminable,
hago votos con todos los seres
de notar los espacios entre ellos
y dar a los tordos una oportunidad.
Si me impaciento con un koan,
hago votos con todos los seres
de rendirme y remitirlo
al dragón que nunca duerme.
Cuando surgen la rabia o la tristeza,
hago votos con todos los seres
de aceptar mi naturaleza emocional:
es mi forma de encarnar el tao.
Cuando me quedo sin nada que decir,
hago votos con todos los seres
de quedarme contento al saber
que en realidad no hay nada que decir.
Al oír el canto de los grillos por las noches,
hago votos con todos los seres
de encontrar mi lugar en la armonía
de la que los grillos gozan con las estrellas.
En la orilla del océano, al salir el sol,
hago votos con todos los seres
de unirme a este hermoso poder
que sale y se pone con gran paz.
Cuando el viento dobla las hojas verdes,
hago votos con todos los seres
de gozar de las fuerzas que me hacen girar
hacia arriba y abajo sobre mi tronco.
Cuando un tren traquetea en el cruce,
hago votos con todos los seres
de recordar a mi madre y a mi padre
e imaginar sus pensamientos en la noche.
Cuando la mesa está servida para comer
hago votos con todos los seres
de aceptar cada plato como una ofrenda
que honra mi antiguo sendero.
Cuando alguien llega tarde a una cita,
hago votos con todos los seres
de olvidarme del pasado y del futuro
y relajarme donde nada comienza.
Cuando se me ofrece sexo sin significado,
hago votos con todos los seres
de recurrir a mi reserva de afecto
y gracia cuando lo rechazo.
Cuando los recursos son cada vez más escasos,
hago votos con todos los seres
De considerar la ley de la proporción:
Yo tengo porque otro no tiene.
Al mirar a las estrellas después de medianoche,
hago votos con todos los seres
De recordar que el punto de la existencia
No tiene ninguna dimensión.
Cuando los gallos cantan antes del amanecer,
hago votos con todos los seres
de reconocer tu voz en el coro,
allí estás tú, allí estás, amigo.
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